Cuando te das cuenta de que irte de Erasmus no es la única manera de vivir en otro país ni de conocer gente diferente e interesante. Cuando reconoces que las distancias las creamos nosotros y que alguien que vive a 5000 kilómetros puede estar tan cerca de ti como el de la casa de enfrente. Cuando te das cuenta de que al alejarse de esa situación y mirarlo con otros ojos percibes que todo es más fácil.
Cuando respiras mirando al mar, viendo el sol desaparecer, pequeñita frente a tanta grandeza, y das las gracias.
Cuando...
es cuando de verdad, ganas.
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